Victor Klemperer, la muerte de la verdad y la posverdad

Patricia Por Patricia0 Comentarios3 min lectura985 views

Victor Klemperer (1881 – 1960) fue un escritor e intelectual judío-alemán sobreviviente del nazismo y autor del libro La lengua del Tercer Reich. Apuntes de un filólogo (en alemán: LTI – Lingua Tertii Imperii. Notizbuch eines Philologen), brillante crítica sobre la lengua del Tercer Reich que analiza la forma en que la propaganda nazi alteró el idioma alemán para inculcar en la gente ideas nacionalsocialistas. Esta obra constituye además la principal referencia de toda reflexión acerca del lenguaje totalitario. Decía Victor Klemperer que, en los sistemas totalitarios, la verdad puede morir de cuatro formas. Veamos.


La primera es la hostilidad abierta hacia la realidad verificable, que se manifiesta en la presentación de invenciones y mentiras como si fueran hechos reales. El propósito es desintegrar el mundo real y sustituirlo por uno ficticio en donde la verdad queda relegada al olvido.


La segunda forma en la que la verdad puede morir -o se la puede matar-, es lo que Klemperer llama “el encantamiento chamánico”. El autor señala que el estilo fascista depende de la “repetición sin fin”, técnica propagandística diseñada para hacer plausible lo ficticio y denostar todo lo que se oponga a su visión única. La descripción constante de todos los oponentes políticos como antinacionales, antipatrióticos, enemigos, etc. es un ejemplo de esto, al igual que el uso de lo que podríamos llamar “falsos binarios”: quienes no apoyan al tirano, dictador (o aspirante a serlo) son traidores, enemigos, antipatrias, inclusive asesinos o criminales.


La tercera es el pensamiento mágico. En otras palabras, el abrazo constante a la contradicción. Por ejemplo, en los sistemas totalitarios (abiertos o encubiertos) se puede prometer la reducción de impuestos para todos, la eliminación de la deuda nacional y el aumento del gasto público en política social. Estas promesas se contradicen mutuamente y son imposibles de llevar a cabo. Es como si alguien prometiera que va a comenzar a practicar un estilo de vida saludable y, paralelamente, dice que va a aumentar el consumo diario de hamburguesas McDonald’s, cerveza y tortas de chocolate.


La cuarta forma es la fe irracional. Klemperer escribió que los nazis y gran parte del pueblo alemán sentían lo mismo por Hitler: lo apoyaban con la fe, no con la razón. El dramaturgo Eugène Ionesco escribió una obra de teatro titulada Rinocerontes sobre este tema. La obra plantea en el transcurso de tres actos, cómo los habitantes de un pequeño pueblo francés de provincia se convierten en rinocerontes. El único ser humano que no sucumbe a esta metamorfosis en masa es el personaje central, Bérenger. Ionesco comentaba lo extraño que le resultaba ver a la gente “deslizarse gradualmente hacia el fascismo” y representó a quienes lo hicieron con la metáfora de la transformación en rinocerontes.


Victor Klemperer cuenta que en una charla que tuvo con uno de sus exalumnos, éste le imploró que abandonara sus sentimientos y pensamientos y que pensara siempre en la grandeza del Führer más que en la incomodidad que sentía en ese momento. Cuenta también que doce años después de concluida la guerra -que Alemania claramente había perdido- y cuando las atrocidades cometidas por el nazismo habían salido y seguían saliendo a la luz, un soldado alemán con ambas piernas amputadas le dijo a Klemperer: “Hitler nunca mintió. Creo en Hitler.”


Aceptar falsedades tan radicales y groseras requiere de un descarado abandono de la razón. En uno de sus libros Klemperer describe cómo perdió varios de sus amigos en la Alemania pre y posguerra debido a discusiones basadas en argumentos imposibles de conciliar con la razón. La descripción suena impresionantemente actual en épocas de grietas y posverdad.


A propósito de la posverdad, Timothy Synder profesor de historia de la Universidad de Yale y experto en la Segunda Guerra Mundial escribió: “Si la verdad es subjetiva, la fuerza debe decidir. Entonces no puede haber verdadera democracia, sólo pandillas de matones rivales o la pandilla dominante del jefe. Sin acuerdo sobre algunos hechos básicos, los ciudadanos no pueden formar parte de la sociedad civil ni defenderse (…). La post verdad desgasta el estado de derecho e invita a un régimen de mitos. Hoy, la posverdad es prefascismo”.

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