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El verde le sienta bien

Nueva York – Los ferries que se dirigen a Liberty Island (La isla de la libertad) navegan colmados de turistas ansiosos que se aprestan impacientes a sacar sus teléfonos o cámaras pues están a punto de presenciar de cerca nada menos que a la Estatua de la Libertad cuya icónica silueta verde se yergue imponente en la pequeña isla.

Un detalle curioso y tal vez poco conocido por los turistas es que la estatua no era verde cuando fue inaugurada en 1886. La obra, un obsequio de Francia a Estados Unidos en ocasión de celebrar los 100 años de su independencia, fue creada por el escultor Frédéric Auguste Bartholdi y el ingeniero Gustave Eiffel. Considerando las limitaciones técnicas y tecnológicas de la época, realizar esta estructura colosal fue una verdadera proeza del arte y de la ingeniería.

Apoyada sobre una base gigantesca, la estatua, totalmente hueca, está adosada a una estructura de hierro y acero para soportar su peso y aportar la estabilidad necesaria. 28.000 kilos del cobre más puro conforman la piel de la estatua en más de 300 placas finamente moldeadas. Cada una de ellas tiene 2,2 milímetros de espesor. ¿Por qué se hizo de cobre? El motivo fue estrictamante de carácter económico. El cobre a pesar de ser un metal difícil trabajar, tenía una gran ventaja: era mucho más barato que el bronce uno de los metales más populares para esculturas debido a su maleabilidad, durabilidad y la facilidad con la que puede trabajarse.

Antes de ser enviada a Nueva York y para comprobar que las piezas encajaban sin problema, la estatua se montó por primera vez en París. En aquel momento exhibía su color cobre original. Luego fue desmantelada para ser transportada en barco a Nueva York. Unos meses más tarde se instaló en Liberty Island y con el tiempo se convirtió no solo en el ícono por excelencia de la ciudad de Nueva York sino también en la encarnación misma del sueño americano. Pero todavía no era verde…

Entonces, ¿cómo se puede explicar el cambio de color? Bueno, la respuesta se encuentra en el cobre. Este metal se oxida al contacto con el aire y la humedad y se cubre con una fina capa verde azulada llamada cardenillo. A propósito, quien haya visitado Paris habrá podido observar que esa pátina verde está presente en varias construcciones históricas como el techo de la Ópera de París y de la Universidad de la Sorbona.

Al cabo de treinta años de su llegada a la isla, expuesta al aire húmedo del mar, la Estatua de la Libertad había transformado el color original y adquirido el verde actual.

Hoy en día, a los cuatro millones de turistas que cada año viajan de todas partes del mundo a Nueva York para admirar la colosal obra, les resultaría tal vez imposible imaginar que el verde que la caracteriza es la consecuencia de una transformación fisicoquímica y no su color original.

¡Hasta la próxima!

Patricia Wouters

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