La campaña china “El Gran Gorrión”, una atroz catástrofe ecológica y humanitaria

Patricia Por Patricia0 Comentarios5 min lectura97 views

El planeta Tierra es un sistema complejo y frágil que consta de millones de especies que habitan en armonía y cooperan entre ellas posibilitando así el desarrollo de la vida. Al igual que una danza sincronizada entre numerosos bailarines, toda la actuación puede desmoronarse si uno de los participantes produce un daño en el esquema cuidadosamente planeado. Lo mismo ocurre con los ecosistemas que se encuentran en la naturaleza. Si se elimina una sola planta o animal de un ecosistema, todo el equilibrio del ciclo natural puede desmoronase. Incluso la eliminación de un animal aparentemente insignificante como el gorrión generó como veremos a continuación, uno de los mayores, sino el mayor, desastres ecológicos y humanitarios de la historia.

Desafortunadamente, ha habido muchas ocasiones a lo largo de la historia en las que la humanidad no prestó atención al principio básico de equlibrio de la vida y enfrentó consecuencias nefastas. La historia está plagada de desastres ambientales, pero pocos se comparan con el que comenzó en 1958 en China. Ese fue el año en que Mao Zedong (romanización de Mao Tse-tung), fundador de la República Popular China, decidió que su país debía liberarse de plagas como los gorriones. El impacto de esta decisión mal concebida, junto a la implementación de una serie de políticas desacertadas causó un efecto dominó de destrucción tal que en el lapso de tres años provocó la muerte de nada menos que 45 millones de personas. ¿Cuál fue el inicio de tamaña tragedia? Veamos.

Todo empezó nueve años después de que el Partido Comunista de China tomara el poder el 1 de octubre de 1949. En 1958 Zedong inició lo que denominó “El gran salto adelante”, una campaña social y económica masiva que, entre otras cosas, convirtió la agricultura en una actividad colectiva patrocinada por el Estado. La agricultura individual y privada estaba prohibida como parte de la transformación de China en un sistema comunista.

Una de las primeras acciones de Zedong después de colectivizar la agricultura tenía como objetivo proteger las granjas. Le habían comentado que los gorriones comían gran cantidad de semillas de cereales, por lo que Zedong ordenó a la población que saliera y matara a todos los gorriones. Durante “El gran gorrión” (así se llamó la campaña en la que se exterminaron cientos de millones de gorriones), la gente los perseguía golpeando ollas y sartenes, los pájaros enloquecidos por el sonido intentaban escapar, volaban hasta quedar sin fuerzas y exhaustos caían muertos del cielo. Esta campaña fue parte de otra más amplia llamada “Campaña de las Cuatro Plagas” que además de gorriones, incluyó ratas, moscas y mosquitos. El objetivo final era mejorar la higiene para mejorar la salud de la población.

El afiche oficial de la “Campaña de las Cuatro Plagas”

Las terribles consecuencias de la “Campaña del gran gorrión” se hicieron evidentes en 1960. El problema era que los gorriones no sólo comían semillas de cereales, sino también insectos, cosa que Zedong no había tenido en cuenta. Sin ningún predador para controlarlas, las poblaciones de insectos comenzaron a aumentar enormemente. Las langostas en particular, pululaban por todo el país, devorando todo lo que encontraban incluidos los cultivos destinados a producir alimento para los humanos.

La gente rápidamente fue quedándose literalmente sin nada para comer y millones de personas murieron de hambre. Las cifras varían, por supuesto. La cifra oficial del gobierno chino rondaba los 15 millones. Sin embargo, numerosos informes estiman que las muertes llegaron hasta 45 o incluso 78 millones. La situación era tan extrema que documentos de la época informaban sobre miles de casos en los que personas se comían entre ellas, los padres a sus propios hijos y los hijos a sus padres. La realidad fue tan horrible, con miles de personas asesinadas por comida o por hablar en contra del gobierno, que el tema conocido como la “Gran Hambruna china” sigue siendo hoy en día un tabú en China.

Mao finalmente canceló la campaña de los gorriones, pero ya era demasiado tarde. Se había formado una tormenta perfecta. La combinación tóxica de deforestación generalizada, más el uso indebido de venenos y pesticidas para eliminar insectos y una política agrícola mal estructurada convergieron para crear una hambruna devastadora en la que murieron millones de personas.

A principios de la década de 1960, la iniciativa “El gran salto adelante” fue derogada. Sin embargo, incluso después de que millones habían muerto, el desprecio por la ciencia básica y el sentido común por parte del gobierno chino continuó como si anda hubiera pasado. Durante la llamada “Revolución Cultural” (1966-1976), las campañas masivas estatales condujeron a crear un modelo agrícola uniforme. El lema era “Tomar el grano como eslabón clave”, una política para priorizar la producción de cereales. Esto se convirtió en el nuevo evangelio, lo que obligó a agricultores a ignorar los cultivos locales y sustituirlos por cereales. El problema era que había zonas que no eran aptas para el cultivo de cereales — las plantas simplemente no crecían— lo que acarreó, de nuevo, catastróficas consecuencias. Las imposiciones gubernamentales del comunismo chino suplantaron las prácticas y el conocimiento locales, dañaron terriblemente el medioambiente e infligieron enormes dificultades al pueblo chino.

Muchos de los problemas ecológicos que hoy sufre China son consecuencias directas e indirectas de las desastrosas medidas tomadas en el pasado. Mao Zedong no fue el único responsable, pero no se puede negar que tuvo una influencia enorme en la configuración del modelo comunista chino. En realidad, si se mira bien, en el fondo, el verdadero culpable de los desastres ecológicos y humanitarios que sufrió el pueblo chino en la segunda mitad del siglo XX no fue una persona o un grupo, fue un sistema materializado en el Partido Comunista. Basándose en teorías fallidas creyó que podía regular artificial y brutalmente la naturaleza y la sociedad. Sin embargo, la realidad contragolpeó sin clemencia y terminó imponiéndose con toda su fuerza devastadora.

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