IKIGAI, la filosofía japonesa para una vida serena y feliz

Patricia Por Patricia0 Comentarios6 min lectura521 views

Qué es lo que nos motiva a levantarnos cada mañana? ¿Por qué hacemos lo que hacemos? Estas son algunas preguntas que alguna vez todos nos hemos planteado y que necesitamos responder para darle sentido a nuestra existencia. El concepto japonés IKIGAI indica que la respuesta a estas preguntas se obtiene cuando encontramos nuestro propósito de vida o razón de ser.

La palabra IKIGAI está compuesta de “iki” que significa vida o vivo y “kai” (se pronuncia “gai”) y que se podría traducir como una combinación de razón, dignidad, realización y deseo. Juntas, estas definiciones crean el concepto de una razón para vivir, o la idea de tener un propósito en la vida. Podríamos decir que IKIGAI es una especie de brújula que da sentido a la existencia y que permite experimentar la alegría del día a día. ¿Cómo identificar entonces nuestra brújula de vida o IKIGAI? El IKIGAI se encuentra en el punto de confluencia de cuatro áreas:

1. Aquello que nos gusta hacer, tanto que podríamos estar haciéndolo casi todo el día.

2. Aquello que sabemos hacer bien. Puede ser que nos guste hacerlo o no nos guste tanto, pero todas las personas tenemos facilidad para hacer cosas que nos cuestan menos que a otros.

3. Aquello por lo que alguien está dispuesto a pagar, o para expresarlo en términos económicos: el mercado.

4. Aquello que pueda aportar algo significativo al mundo o a la sociedad y que pueda contribuir al bienestar de algo más grande que nosotros mismos.

La realización personal, el sentido de la vida se obtiene cuando estos cuatro factores se combinan entre sí. Ninguna de las áreas es suficiente por sí sola. El IKIGAI se logra gracias al equilibrio entre las cuatro partes. A continuación, veremos cuatro conceptos esenciales para comprender la filosofía del IKIGAI:

1. Según el concepto de IKIGAI la interacción entre lo que amamos hacer y aquello que sabemos hacer bien es nuestra pasión.

2. La interacción entre lo que sabemos hacer bien y lo que alguien o el mercado está dispuesto a pagar es nuestra profesión.

3. La interacción entre lo que el mercado está dispuesto a pagar y lo que el mundo necesita constituye nuestra vocación.

4. Y, por último, lo que el mundo necesita y aquello que amamos hacer confluyen en lo que sería nuestra misión.

Decíamos que cuando se une lo que amamos hacer con aquello que sabemos hacer bien surge nuestra pasión. El ejemplo típico es un hobby. Puede ser que a uno tenga habilidad para cultivar plantas y flores en el jardín y que le encante hacerlo, pero es difícil que le paguen por eso. Según explica el método del IKIGAI la pasión nos da satisfacción, pero si nos dedicamos a ella sin tener en cuenta el aspecto económico o sin aportar nada útil al mundo, tarde o temprano surgirá una sensación de inutilidad.

La interacción entre lo que sabemos hacer bien y lo que el mercado está dispuesto a pagar es nuestra profesión. Esto nos brida comodidad y seguridad. Ejemplo: puede ser que tengamos habilidad para los números y para manejar temas financieros, lo cual es algo por lo que el mercado está dispuesto a pagar. Pero si no nos gusta lo que hacemos o si sentimos que no hacemos ningún aporte significativo a la sociedad o al mundo en algún momento va a aparecer una sensación de vacío existencial.

La interacción entre lo que el mercado está dispuesto a pagar y lo que el mundo necesita es nuestra vocación. La vocación nos brinda satisfacción pues nos pagan por hacer algo útil, pero si se trata de algo que no nos gusta demasiado y tampoco tenemos facilidad para hacerlo, sentiremos inseguridad e incertidumbre con respecto a nuestro trabajo. Por ejemplo, supongamos que el mundo y el mercado necesita más personal experto en informática. Pero si uno no tiene facilidad para las ciencias exactas ni tampoco le interesa demasiado la tecnología, no tendrá mucho sentido dedicarse a esa carrera.

Por último, lo que le mundo necesita y aquello que amamos hacer confluyen en lo que sería la misión. Hacer algo que nos gusta mucho y que además contribuye positivamente a la sociedad es sin dudas muy gratificante y podemos sentir un gran entusiasmo. Pero al faltar la dimensión económica, es decir el mercado dispuesto a pagar por nuestro trabajo, nos puede generar frustración. Un ejemplo de misión es dedicarse a una actividad humanitaria. Sin retribución económica se vuelve muy difícil de sostener en el tiempo y suele ser fuente de frustración.

Minimizar cargas

El IKIGAI implica además eliminar toda carga que nos complica la vida. Todas aquellas actividades que no están en armonía con nuestros valores o que no tenemos habilidad para hacer o que simplemente no nos gusta hacer. Por supuesto esto no significa que podamos liberarnos de todas las tareas o actividades que nos resulten tediosas o molestas. Lo que el método IKIGAI aconseja es reducir al mínimo la cantidad de tareas que no nos aportan nada significativo. Una manera de hacerlo es delegando en otros esas tareas para tener más tiempo para las actividades relacionadas con su propio y único IKIGAI.

¿Cómo encontrar tu IKIGAI? Una manera de hallarlo es haciéndose las siguientes:preguntas:

¿Cuál es tu hábitat, tu entorno natural y cuales son tus hábitos naturales? Para trabajar ¿Te gusta la soledad o preferís la compañía? ¿El aire libre o el interior? ¿Preferís un sistema de trabajo estructurado o te atrae trabajar de manera flexible?

¿Con que actividades el tiempo se pasa volando? Este es uno de los mejores indicadores para encontrar tu IKIGAI. Cuando hacemos actividades relacionadas con nuestro IKIGAI, el tiempo se pasa tan rápido que no lo notamos.

¿Qué te resulta fácil hacer? Hay miles de talentos naturales, por ejemplo: la capacidad para organizar, talento para cocinar, tocar un instrumento, para escribir, para entablar relaciones sociales, etc. Lo importante es identificar qué es lo que a uno le resulta fácil hacer, algo que quizás a otros les cuesta horrores. Esto sirve de guía para encontrar el IKIGAI.

¿Qué te gustaba hacer cuando eras niño/niña? La mayoría de los intereses se forman en la infancia y nos siempre somos consciente de ello. Conviene recordar en qué solíamos emplear el tiempo cuando éramos chicos para encontrar así intereses y pasiones.

En el mundo de hoy la felicidad equivale a número de seguidores de las redes sociales o la cantidad de dinero en la cuenta bancaria lo cual no siempre conduce a una vida feliz y balanceada. La filosofía del IKIGAI propone una forma de actuar y pensar íntima, personal y profunda para alcanzar la felicidad. En síntesis, no es necesario ser el CEO de una súper empresa, ni tampoco tener miles de seguidores en Instagram para vivir una vida feliz. Lo que verdaderamente importa es descubrir la razón por la cual uno se levanta cada día, el motivo para vivir.

Para terminar, un dato muy interesante. En Okinawa, una isla de Japón, los habitantes tienen la esperanza de vida más alta del mundo. Cuando les preguntan en que basan su estilo de vida, responden que dedican su vida a encontrar su IKIGAI, es decir su propósito de vida.

Es muy simple: si nos dedicamos cada día a hacer lo que nos apasiona, tenemos la habilidad para hacerlo bien, nos pagan por hacerlo y además aportamos de manera positiva a la sociedad y al mundo sentiremos que, en gran medida, nuestra existencia transcurre en armonía y serenamente feliz.

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